la razon es la música…

Aunque resulte curioso hablar de la revelación, más aún es hablar de ella desde la música por dos cosas; en primer lugar, porque entendiendo la revelación como Dios que se hace condescendiente con nuestra humanidad, nos “revela en sueños, en oráculos, etc, aquello que quiere de nosotros[1]”.como también en segundo lugar, porque Dios manifiesta su querer de diversas formas.  No obstante, en lo que podemos concordar es que toda revelación es de orden religioso.

Es preciso recordar palabras del concilio vaticano II sobre la revelación, que dicen:

… “el hombre puede conocer a Dios, principio y fin de todas las cosas, con la razón natural, por medio de las cosas creadas” y sigue “todos los hombres, en la condición presente de la humanidad, pueden conocer fácilmente, con absoluta certeza y sin error, las realidades divinas, que en si no son inaccesibles a la razón humana[2]”.

Por un lado, estas palabras ciertamente no dejan de llamar la atención por la fuerza con que el concilio quiere enfatizar sobre el modo particular de conocer a Dios. Por otro lado, limitan en gran manera la fuerza y creatividad en que Dios se manifiesta.

  1. Critica al racionalismo.

Una de las más fuertes críticas que surgió del pensamiento moderno, producto de la ilustración y del surgimiento del hombre crítico, responde a las pretensiones del hombre de ordenar todo para sí, pues esto le brinda seguridad y estabilidad en contraposición a todo aquello que es causa de cuestionamiento. La teología se ve alejada de este plano, las ciencias buscan su propia independencia y autonomía, desligando la existencia de Dios solo a esta ciencia. Es así como hemos escuchado a Nietzsche, decir que “Dios ha muerto” aludiendo sin más a la conciencia moderna de que a Dios se lo ha trasformado en una cierta hipótesis comprobable, y más aún, alejado de la realidad. En definitiva, el que ha muerto es el Dios metafísico. El Dios que buscan los filósofos no es sino el Dios todopoderoso, el Dios omnipotente, omnisciente, etc. Pero Heidegger viene a proponer la huida de la razón, para poder descubrir el verdadero Dios que en sobremanera se manifiesta como Dios de misericordia y rico en piedad. Este Dios no se encuentra en la razón, sino en el corazón del mismo hombre.

1.1. Algunas objeciones al diálogo

Con lo expuesto más arriba sobre la revelación y el modo de conocer, se contrapone la invitación constante que hace la Iglesia y el magisterio al conocimiento de Dios, invitando a aceptar los dogmas , pues Dios se ha manifestado en estas verdades de fe. El magisterio Invita al diálogo, pero partiendo de principios ya dados que obstaculizan todo diálogo. Con esto no ponemos en duda la existencia de Dios, sino más bien el principio por excelencia de que Él se revela a quien quiere y del modo que quiere, no limitado a la razón. Hablo precisamente de aquellos que no tiene uso de razón y con eso regresaríamos al modelo anterior del pueblo elegido de Israel, en quien Dios ponía su mirada como el puedo elegido y cuyo pueblo se sentía privilegiado por ser la porción escogida.  Por otra parte, aquí en Latinoamérica se anuncia la liberación de la opresión, de la pobreza, de modelos viciados que no solo oprimen al hombre sino que además lo hacen menguar en su dignidad como persona. Sin ir más lejos, el concepto de Dios debe convivir con diversas mentalidades que puede o favorecer o ser bloqueado por presupuestos predeterminados que en vez de motivar el descubrir a Dios en las cosas creadas, hace perder ese interés, pues ya está todo dado y resuelto.

1.2. La incapacidad no es de la razón sino del lenguaje

La incapacidad del lenguaje junto con la del intelecto no son sino un solo obstáculo, pues ellos están limitados. Aunque suene fuerte, por un lado, el intelecto parte de la humildad de saber que tiene un límite y que más allá de lo que emprende como puede ser el querer conocer a Dios, no es sino don de Dios tener esa gracia. Por otro lado, el lenguaje, en su variedad, ya sea artístico, ya sea musical, ya sea textual, corporal, si bien nos remite a la belleza de una verdad no dicha, pero clara, sobre algo en particular, nos deja entrever los diversos modos de conocer, sin cerrarnos a un solo modo de conocer; “se puede objetar que solo la razón es capaz de conocer a Dios”.

Este modelo entrega ciertamente la dicha de buscar la objetividad en los planteamientos. Entonces todo tipo de lenguaje artístico es causa de equívoco, pues se funda en categorías que no encuentran objetividad, sino subjetividad de una sola verdad. Entonces podríamos decir sin miedo a equivocarnos, que el lenguaje, si bien se presta para subjetividades, es también un mar a donde llegan muchos ríos y caudales de trascendencia, una variedad de formas que no hacen sino adecuarse a la diversidad de personas y de modos en que conoce el mismo hombre. En esto nos ayuda Tagore, diciendo; “el agua en el vaso es clara, el agua en el mar es oscura; la pequeña verdad tiene palabras claras, la gran verdad guarda un gran silencio[3]”. Esta experiencia ciertamente que entrega una verdad acerca de Dios, pues guarda un gran silencio frente a cuestionamientos del hombre.

  1. Música y teología

Decir que la música y la teología son solo para el músico o solo para los teólogos, es una aberración. Pues aunque ambas tienen conceptos comprensibles para alguien que se dedica a ello, no obstante ellas son siempre accesibles al hombre. La música nos habla de la teología, y la teología nos habla que la música es un camino accesible a Dios, pues nos remite a la trascendencia y a la perfección de Dios. La música nos hace entrar en un lenguaje distinto, en que no solo se da una pregunta, como puede ser la que hace el hombre a Dios, sino una respuesta de la música, una respuesta desde la perfección, que no me cabe duda que es una respuesta que el mismo Dios le entrega al hombre.

 

2.1. La belleza de la incomprensibilidad

La música siempre parte de esta belleza, que altera los sentidos y los hace conectarse con la inconmensurable grandeza de Dios. Pero la música también nos hace sentir que somos capaces de todo, como también conscientes de nuestros límites. Por un lado, sentir el misterio, gozarlo, pero no tenerlo del todo. Así es la música. Nos hace gozar, sentirnos poseedores de realidad, aunque también de la irrealidad. Pero a la vez nos deja claro que no podemos comprenderlo todo. No por ello nos hace gozar menos, pues parte del artista que cada uno lleva en su interior, tiene que ver con la imagen de Dios que llevamos, el artista por antonomasia.

La novedad es la consideración de la percepción estética, de lo bello, del arte en definitiva, como una categoría de comprensión teológica del misterio. La música es una parte del lenguaje que nos deja entrever y comprender alguna cosa de la maravilla de la revelación, pues se nos muestra el misterio de Dios.

El plus de evocación que posee la música, sea por su lenguaje, sea por su comunicabilidad, no material, no corpórea, nos lleva a verla como elemento esencial para la comprensión experiencial del Misterio.

2.2. La sacramentalidad de la música

Los músicos han expresado en su lenguaje particular, a la vez críptico, a la vez universal, el misterio mismo, proporcionando la llave- tanto al músico-pasivo, que recibe la música, como al músico-activo, que la ejecuta, la comprende por el dominio del lenguaje musical o por un favor especial del intelecto-, “la clave de la comprensión más alta a la que el hombre puede estar llamado; percibir un atisbo del Misterio estéticamente revelado[4]”.

En nuestro país, si bien la música religiosa juega un papel importante dentro de la juventud, y especialmente de la juventud católica, es la Iglesia entera que se una a estos jóvenes para cantar a Dios. Por otro lado, mientras escuchamos a los teólogos que hacen de la música un lugar teológico, mi humilde intención es hacer teología en música y con la música. Se justifica esta pretensión la necesidad,  acuciante, a mi parecer, de una teología con un lenguaje relevante, que llegue a esta juventud y en definitiva a la humanidad entera. Una teología que quiera decir algo a mis compañeros de generación, a mis profesores en la universidad. Lo que sí, a veces estamos como ensordecidos de testimonios que nos hacen alusión a que la teología necesita renovarse y hacerse más asequible a las personas, ya lo decía Piqué; “la teología que ante todo tiene que ser bella. Si es relevante, esta teología, no dudará en adentrarse en lo cotidiano y en su extraordinario poder de evocación. Pero se intuye que ante todo ha de abrirse a la percepción estética de la belleza, lugar común de todo ser humano para y por la percepción del misterio, reposo para la inquietud del alma y aun del tiempo se pueda manifestar la divinidad[5]”.

Entonces cabe agregar que la música y el texto, se identifican para hacer material lo inmaterial, para desvelar lo indesvelable, para hacer comprensible lo incomprensible. La música puede conseguir esta emoción porque comparte con el Misterio la misma incorporeidad, la misma inefabilidad, la misma intangibilidad, el mismo ser efímero del momento de revelación de percepción del Misterio.

 

2.3. La biblia y la música.

La Biblia entiende la música, sin duda alguna, como lenguaje para hablar con Dios. No por nada, tiene un libro dedicado al canto, en su más alta expresión e inspiración; los salmos.

De hecho, encontramos la razón fundamental de la música y el canto, “como expresión del ideal de vida de los monjes[6]”. En esta manera de cantar los salmos, con gusto, saboreándolos, gustándolos, sabiamente, se integran todos los factores del hombre, no solo la razón, sino también la creatividad y la inspiración. El hombre, todo entero, se encuentra envuelto en esta manera de cantar y de ser canto para Dios. Porque la música está llena de contenido y significado, sin decir ni hablar nada. Porque como dice Fuentes, hablando sobre la revelación; “in intellectu, Dios se revela como impensable (anoetós) e inefable (arrêtos), pues todo lo que el intelecto humano puede conocer es el ente y sus modos2; así, un pensamiento que piense la trascendencia debería «pensar más que lo que piensa», como diría Emmanuel Lévinas, y un lenguaje que logre decir a Dios debería poder decir más de lo que puede o quizá, simplemente, dejar de hablar[7]”. Es parte de la perfección y misterio de Dios.

2.4. La música; sentimiento y emoción

No pocos han estudiado el arte musical, la música como lenguaje, como manifestación honda del sentir y del percibir, del amar y del descubrir, del anhelo y del esperar, del corazón humano, que busca sin cesar el reposo que solo en el Misterio puede ser complacido. Es como una paradoja. La única forma de conocerlo es no conociéndolo del todo, así se manifiesta un eterno deseo de querer completar lo que aún me falta.  Aquí cabe agregar palabras del Papa Pablo VI “y en esta operación, que intenta traducir el mundo invisible en formulas accesibles, inteligibles, vosotros (artistas) en esto sois maestros. En este, vuestro oficio, vuestro arte es ciertamente aquel de entender los tesoros del cielo, del espíritu y revestirlos de palabra, de color de formas, de accesibilidad[8]”.  

La sensibilidad actual, se abre cada vez más a la belleza como medio de percepción de la experiencia de Dios. Esta experiencia está ante todo marcada por el dolor y la esclavitud que en este tiempo se torna difícil identificar incluso al más despierto orador. La sensibilidad es buena, pero ante todo, creo que el hombre debe buscar la razón como mejor melodía a su encuentro con Dios. Esta razón no debe quedarse en planteamientos de orden racional, pues debe tocar lo hondo de la vida del hombre; los sentidos, el talento que cada uno en particular posee, no solo para amar a Dios, sino para dilucidar día a día su querer para con nosotros. Esto implica abrirse a otros modos de razonamiento, como puede ser el artístico, el musical, el arte visual, el teatro, todo aquello en que el hombre se trasforma en un ejecutor de trascendencia.

  1. Conclusiones

Frente a las afirmaciones hechas en este breve ensayo, la razón puesta como lugar de la revelación según la Dei Verbum es decisiva. No obstante, esto puesto como único medio donde Dios se revela, resulta ser demasiado pobre y estrecho de acuerdo a la grandeza de la creación de Dios. La biblia nos da cuenta que para descubrir a Dios, no solo la razón juega un papel importante, sino que también y en sobremanera  el canto, la música. Ésta es un lugar donde Dios se revela, por un lado mostrándose, por otro lado ocultándose. Por un lado mostrando su perfección, por otro nos deja en evidencia nuestra limitación de incomprensión de su grandeza y virtud infinitas. Esta misma conciencia es la que me hace ver que a Dios no se le puede conocer de modo directo, sino que siempre desde una posición, desde un lugar, ya sea en nuestro caso, el de la razón o el del arte.

Pero llama la atención que a pesar que existe una fuerte crítica al racionalismo, se invite constantemente a esta modalidad. Justifico este modo que propone el magisterio, como el camino en búsqueda de objetividad. Esta objetividad ciertamente no la entrega el arte, ni la música, pues aunque usan categorías comprensibles a todo ser humano, color, materia, sonido, olor, etc, no logran describir claramente el misterio de Dios.

No obstante, aunque existe una búsqueda de objetividad, la Iglesia ha progresado en la conciencia  de que la música, el arte son lugares donde se puede encontrar y revelar Dios. Pues Él no es que ya se haya revelado, sino que se sigue revelando en cada uno de nosotros, en las cosas creadas, contándonos la novedad de la salvación de todos.

  1. Bibliografía

–          Jorge Piqué Collado. Teología y música. Una contribución dialectico-trascendental sobre la sacramentalidad de la percepción estética del Misterio. Editrice Pontificia Università Gregoriana. Roma 2006

–          Xavier Leon-Dufour. Vocabulario de Teología Bíblica. Editorial Herder. Barcelona 1996

–          Concilio Vaticano II, Dei Verbum

–          Pablo VI. Alocución a los artistas.  Insegnament di Paolo 1964.  VI, 313

–          Juan José Fuentes U. Irracionalidad e hiperesencialidad en el Pseudo-Dionisio. Más allá de la razón y de la revelación. Teología y Vida, Vol. LII (2011), 269-278

–          Rabindranath Tagore. “Pájaros errantes”.


[1] Xavier Leon-Dufour. Vocabulario de Teología Bíblica. Pág 785

[2] Concilio vaticano II, Dei Verbum, n6

[3] Rabindranath Tagore. “Pájaros errantes”. Pág. 98

[4] Jorge Piqué Collado. Teología y música. Pág. 18

[5] Jorge Piqué Collado. Teología y música. Pág. 19

[6] Jorge Piqué Collado. Teología y música. Pág. 32

[7] Juan jose Fuentes. Más allá de la razón y de la revelación. Pág.  3-4

[8] Pablo VI, alocución a los artistas, 1964

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