Las raíces de un árbol son ramas bajo tierra, las ramas, raíces en el aire. R. Tagore

 

La realidad en la que estamos inmersos, siempre nos hace aparentar realidades distintas. Somos los hombres de la apariencia.

Difícil resulta pensar en personas que no sean de apariencia. Aparece en mi mente, raudamente, la imagen de las personas que viven en ruta 68. En la entrada de Santiago, a la altura de Pajaritos. Se puede ver de vez en cuando, a personas que viven en unos sucuchos, realmente denigrante su vida. Pero siempre se ven sus sucuchos, sus habitáculos.

Pensemos… ellos pueden ser causa de que nuestra sociedad no les haya dado una oportunidad. Por otro lado, puede ser respetable, pero siempre incomprensible, que alguien por propia voluntad opte por vivir en estos lugares, a la intemperie, sin las comodidades o privilegios de una casa común.

Veamos de qué lado estamos nosotros ¿De las ramas? ¿De las raíces? Si decimos de las raíces, ellas nunca piden premio alguno por llenar de frutos las ramas. A eso estamos invitados, no por Dios, eso es para los cristianos, sino porque es una exigencia de la humanidad a la que pertenezco. Llenar de frutos las ramas es generar que esos frutos sean buenos, no solo frutos.