Reencontrarnos

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Todos tenemos recuerdos de un reencuentro con alguien querido en la vida; después de pasar mucho tiempo fuera de casa por motivos de estudio, el reencuentro es lo mejor. Reencontrarnos con alguien con quien hemos estado peleados mucho tiempo también es una experiencia muy emocionante.

Los filósofos hablan de las emociones como foco de error. Las emociones son efímeras, son reales porque las sentimos, pero los sentidos existen cuando hay un elemento exterior que estimula un sentido en particular o la ausencia de algo. Por ejemplo, el sentimiento de compañía, cuando hay personas queridas o no y el sentimiento de soledad cuando no hay nadie más que nosotros.

Volver a las emociones es todo un camino. En primer lugar debemos tomar conciencia que estamos invitados en esta vida a entregar todo lo que tenemos y merecerlo todo. Todo lo que queramos tener en esta vida lo tendremos, siempre y cuando demos todo gratuitamente. Quiere decir que todos nuestros dones y talentos son para darlos, para ponerlos al servicio de los demás. He sentido la experiencia de poder estar acompañado, y disfruto mis espacios de soledad; creo que son experiencias muy gratas, en una porque tomamos conciencia que no estamos arrojados solos a esta vida, sino que estamos con un alter, otro que no es muy distinto de mi pero a la vez es otro y por lo mismo diferente de un yo.

Si es algo que debemos abandonar día a día es nuestro propio ego, ese que nos bloquea y no nos permite caminar. Hoy comentaba con una amiga que es difícil abandonarse, es algo muy complicado. Tenemos historias de vida dramáticas que nos acompañan y estas historias de forma inconsciente afectan nuestro diario vivir. No en el sentido negativo de afectar; afectar puede también significar hacer distinto algo, afectación de algo que era otra cosa antes de ser alterado por ese factor externo que finalmente lo hizo distinto. 

Dos cosas son las necesarias para preparar este reencuentro. Primero abandonar algo; el ego significa en psicología nuestro propio yo, pero ahora le llamaremos a ese ego el falso yo; pues el yo verdadero no es el que construimos con cosas, aquellas que nos representan; la casa, el auto, propiedades, etc, porque no somos solo materia, sino principalmente espíritu. Este espíritu nos hace inmortales, e irremplazables, nos hace que seamos perfectos. Esta naturaleza humana nos hace capaces de Dios, y por ende capaces de volver a nuestro propio creador. Reencontrarnos aquí quiere decir volver a la fuente, y qué mejor que mirar la creación. Maravillarnos de lo que nos rodea, de las imágenes, de los dibujos, de los colores, de los olores, del amor, de la amistad, de la música, de la cordialidad, de la gratuidad de las cosas, pues cuanto hemos ayudado a nuestro cosmos lo recibiremos de regreso. Ni siquiera debemos cobrarle al cosmos lo que le entregamos; el amor principalmente es gratuito, simplemente se merece. Un poema dice “nuca hemos escuchado al sol sobrarle a la tierra por iluminarla”. El amor principalmente es gratuidad, y en la medida que vivamos entregando lo que tenemos, con las mejores energías, sin compromiso, porque simplemente es lo que debíamos hacer, el cosmos nos retribuirá con la sincronía. Sincronía que influye en la medida que nosotros necesitemos, el cosmos, nos dará lo que solicitamos a debido tiempo porque también fuimos capaces de darlo cuando se nos pidió.

Darnos un espacio para nosotros es hacer un intento por volver a ese origen. San Agustín de Hipona, siglo IV, en sus confesiones hablaba sobre volver al origen. Necesario es encontrarnos con nuestro creador, quien nos impulsó desde el material genético hasta el momento que tomamos conciencia que somos seres espirituales, religados a una entidad sobrenatural, pues nosotros también lo somos; no podemos ser tan distintos de nuestro creador. Finalmente Agustín termina diciendo, “tarde te amé hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé. Te busqué fuera de mí, y como inmundo pordiosero te buscaba y no te encontraba. Mas tú estabas dentro de mí”. Si queremos identificar un lugar para reencontrarnos, ese es necesariamente nuestro interior; pero para lograrlo debemos abandonar nuestro ego y pasar a un estado más espiritual, en que nos conectemos con el cosmos, con la naturaleza y la creación, pues todos provenimos de la nada, y nos conducimos a donde llega todo.

 

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