Lo efímero y lo trascendente

Remedios Varo - El flautista

Lo efímero y lo trascendente

Ocasionalmente y me atrevo a decir con toda seguridad que como seres humanos, compuestos de alma y cuerpo, convivimos con dos esferas en la vida que nos hacen sentir que tenemos algo, pero por otro lado, estamos a la espera también de otra realidad. Es así como nos movemos en lo material y lo terrenal, las cosas que poseemos, las cosas que nos ayudan a realizarnos, pero que a la vez pueden ser lugar para perdernos y con ello perder esa otra realidad que aguardamos con anhelo, vivimos en una dicotomía que a ratos nos resulta familiar y otras lo más ajeno y desconocido que podemos vivir.

La oscuridad no siempre es negatividad, y los pensamientos que aclaran nuestra mente y esas oscuridades, tienen que ver con pequeños atisbos de lo que es la experiencia humana. José Saramago comenta en su libro intermitencias de la muerte, que deseamos trascendencia, y esa trascendencia tiene cara de eternidad, pues deseamos como seres humano la eternidad, deseamos vivir para siempre, pero cuando un político nos ofrece precisamente no morir más, comienza el caos, y la irreguardible sensación de que es necesario morir. Tanta es nuestra dicotomía experiencial que estamos que por un lado somos temporales y por otro trascendente. Es difícil comprender esto, pues significa que temporales, tenemos un tiempo, un aquí, un ahora, y podríamos decir también “aún”, pues estamos en el tiempo por lo que somos temporales, pero luego del tiempo no sabemos qué hay y desde la fe esa oscuridad de nuestra vida puede aclararse, pues desde la visión cristiana ese aún, pasaría a ser un hasta siempre de eternidad.

La experiencia de la vida nos da tanta sabiduría, nos entrega tanto conocimiento, solo hay que estar abiertos no a ver sino a mirar. La vista tiene una forma increíble de conocimiento, que necesariamente no podemos cerrar los ojos. Pero no es el único canal por el que conocemos, el tacto, los afectos, conocemos y nos conocemos sobre la marcha. Lo efímero y lo trascendente está a la vista, convive con nosotros y nosotros nos acercamos a ella, tanteando, tocando, abrazando lo que perpetuamos con insistencia.

La admiración de lo que pasa a mi lado, como las sensaciones cambian, como oscilan quitando el aquí y el ahora, llamando al no “quiero más” de lo mismo, pues al parecer no solo nos acercamos y nos alejamos de lo efímero y lo trascendente, sino que estas dos mociones vienen a nosotros, llamándonos desde las ultimidades de la realidad.  Sea como sea, la idea es seguir a pasos agigantados tras lo que queremos hacer de nuestra vida. Ahí radica lo esencial, qué queremos hacer de nuestra vida para que sea calificada con el adjetivo de efímero o trascendente, pues todo lo que nosotros hagamos en esta vida para los demás, trascenderà de un “aùn” hasta la “eternidad”, pues eso enriquece nuestro universo de lo que somos en realidad, seres dispuestos y entregados a otros, no estamos arrojados a este mundo en la soledad, estamos invitados a vivir en “concordia”, y esta palabra es tan importante, pues “concordia” significa compartir el corazón, tener un mismo corazón.

Dejemos lo efímero y lancémonos a lo trascendente, entregando nuestras fuerzas y sudor a los más necesitados de la sociedad. Las obras sociales son un paso significativo por el que logramos acercar la felicidad de los demás hacia si mismas, la tranquilidad, el equilibrio vital.

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